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Día 1 - The Velvet Underground & Nico (1967) | Cátalogo razonado de mis recuerdos musicales

  • Foto del escritor: Marcos Oteiza
    Marcos Oteiza
  • hace 13 horas
  • 4 Min. de lectura

Inicio estas memorias más bien prosaicas, siempre improvisadas y espontáneas, alrededor de los recuerdos provocados por o asociados a los discos que he escuchado a lo largo de mi vida. Y el primero no podía ser otro que este debut de la Velvet, que si bien en otros senderos vitales los puntos de partida y las efemérides pueden ser más difusas, en el caso de mi relación personal con la música está firmemente anclada a las primeras escuchas de este disco.


Creo, además, que mi encuentro con este disco fue particularmente peculiar y me situó en una posición muy privilegiada para relacionarme con él. Por un lado era inevitable, teniendo yo 14 años, edad idónea para encontrar en la música algo muy íntimo, y además teniendo en cuenta que los problemas de identidad que llevaba arrastrando desde que tengo uso de conciencia con respecto a mi peso y a mi apariencia física me colocaban claramente (o al menos así lo sentía yo, que es lo que importa) en La Otredad o en La No Normatividad o Fuera. Pero por otro lado el camino que me empujó a comprarlo fue de lo más inusual y tuve la grandísima suerte de sortear todo tipo de contexto. The Velvet Underground & Nico es, a día de hoy pero también entonces, básicamente una pieza de museo. Es un artefacto que sirve para explicar la música rock de los últimos 60 años y que ha alcanzado un estatus mitológico que, en mi opinión, provoca que poca gente pueda tomarlo como suyo. Digamos que ha sido tan manoseado por todos que sería extraño tenerle un afecto partícular, sobre todo cuando todos sus descendientes directos y no tan directos tomaban sus lecciones y las adaptaban a las sensibilidades de la juventud de sus respectivas décadas.


Ahora bien, mi conocimiento sobre el disco se reducía a la portada, que había visto en el foro oficial de Nintendo que frecuentaba. Era la foto de perfil de un tal 'Aritzb', un usuario imagino algunos años mayor que yo porque sus mensajes se me antojaban llenos de sabiduría. Obviamente no recuerdo nada de esos mensajes, pero sí la sensación que me dejaron, principalmente intriga.


Supongo que esa portada esperaba en algún recoveco de mi cerebro pacientemente, y las neuronas soltaron chispas cuando, en un viaje de estudios a Reino Unido, me encontraba paseando por una tienda de la ciudad en la que me alojaba (la cual tampoco recuerdo, como veréis mi memoria es bien selectiva) y en la sección de discos me topé con el dichoso plátano. No sé qué me movió a ello pero me lo llevé a casa. Creo que pedí a la familia que me acogía un reproductor de discos, o quizás ya tenía uno en la habitación.


Hay que tener en cuenta que mis conocimientos e intereses musicales no iban más lejos de los openings de los animes que veía y alguna que otra canción de grupo pop español de cuyo nombre no quiero acordarme.


I'm Waiting For The Man me hipnotizaba con su ritmo machacón y con sus guitarras sucias. No sabía que algo que sonaba tan 'mal' podía ser tan placentero. Y, descifrando las letras de Lou Reed, sobre sus desventuras a la hora de ir a pillar droga, me parecían lo más inaudito del mundo. A ver, me imagino que conocía de la existencia de las drogas, el fetichismo sexual (en Venus in Furs) y el wild side en general, pero está claro que nunca me había planteado lo cool que podía llegar a ser.


All Tomorrow's Parties era un ritual pagano de mujeres y hombres con ropajes sesenteros haciendo una marcha marcial alrededor de infinitas hogueras. Y Heroin era simplemente lo más: cantarle a una adicción, sin tapujos, casi para doblegarla, como si hacerla canción le diese a Lou Reed la posición dominante en su relación con la heroína, un quien ríe último ríe mejor.


Hasta European Son me gustaba, si no escucharla al menos pensar en cómo su existencia implicaba la promesa de música ahí fuera que fuese extraña y valiente. Todo un mundo que descubrir.


Sin tener ni idea de lo que tenía entre manos y de la importancia histórica del disco, para mi era una joya escondida que acababa de desenterrar, o más que una joya un hilo del que podría tirar y que me llevaría a ser otra persona, a vivir otras cosas y a abrir de par en par y como dios manda mi adolescencia. Lo que unos años después leería en Kerouac sobre la gente loca por vivir, loca por salvarse y que baila y gira como peonzas enloquecidas a mi ya se me había dado a entender con este disco, y estaba dispuesto en la medida de lo posible salir a buscar a esas personas y, si no unirme a ellas, al menos observarlas atentamente.


Ya casi no escucho el disco, y no lo mencionaría entre mis favoritos así de primeras, pero el afecto que le tengo es demasiado grande como para ignorarlo.





 
 
 

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